martes, 5 de febrero de 2013

KEN ROBINSON-¿CÓMO MATAN LAS ESCUELAS LAS CREATIVIDAD?-


"La creatividad son ideas originales que tienen un valor"

 
Es un hecho indudable a día de hoy, y premisa básica de la cual debemos partir, el considerar la Educación como una herramienta fundamental para el desarrollo autónomo de los sujetos que integran una sociedad. En el mismo sentido, la noción de que según el contexto social e histórico del momento, el colectivo necesita que el sistema educativo se adecúe a las demandas que la realidad impone, sin excepción. Es por ello que la educación, o más concretamente, la educación formal académica que se imparte, permita sociabilizarnos con el medio, potenciando y partiendo de las individualidades y de las características innatas de cada sujeto, para así conseguir de manera grupal fines beneficiosos para la colectividad.
Por tanto, se debe entender al sistema educativo en su conjunto, como un elemento al servicio de la sociedad, adaptándose el primero a los devenires y condicionantes de la segunda, nunca al contrario.
Con este principio previo puesto de manifiesto, la cuestión medular que se plantea Sir Ken Robinson (Liverpool, 1950) radica en cuestionarse hasta qué punto el precio a pagar por concebir el sistema educativo como un elemento al servicio de la sociedad (y los mercados) no es demasiado elevado. Y el precio no es otro que cercenar la creatividad de los individuos educables. En palabras suyas, “la creatividad es tan importante como la alfabetización”.
No sería aventurado afirmar, que tras el visionado de la ponencia del Sr. Robinson, pocos son los que no comparten las conclusiones alcanzadas y expuestas en la misma: Se silencia y coarta la creatividad. Las escuelas y centros docentes, principales aplicadores del sistema educativo vigente, no potencian las habilidades creativas de los sujetos, centrándose de manera exclusiva en lo que podríamos llamar “habilidades académicas”.
En consecuencia, es una realidad que la práctica totalidad de los sistemas educativos aplicados hoy día, se basan en una jerarquización inflexible de materias, situándose a la cabeza de esta pirámide de conocimientos esenciales las matemáticas y los idiomas, prosiguiendo en menor importancia las humanidades y quedando a un nivel, me atrevo a decir que residual, el arte.

                                       Pawła Kuczyńskiego
Pero hasta aquí, nada nuevo, ninguna conclusión que un ciudadano medio que haya vivido (o sufrido) el sistema educativo actual no pueda alcanzar por sí mismo. Donde debe situarse la génesis del debate no es en sí las escuelas matan la creatividad, cosa que es manifiesta, sino en porqué se articulan sistemas educativos que tengan ese proceder.

¿Por qué matan las escuelas la creatividad? La respuesta la encontramos en la frase que encabeza la presente entrada, y que viene a definir la creatividad en palabras de Sir Ken Robinson: "La creatividad son ideas originales que tienen un valor". Por tanto, y ahí se encuentra el germen del problema, debemos entrar a considerar y analizar qué es lo que hoy en día tiene “valor”, lo que la sociedad y nuestro entorno reconoce como “valorable”. Quizá llegando al convencimiento de que quizá en el momento actual, no le demos la debida importancia a ideas originales creativas, despojándolas del referido valor, estemos más cerca de alcanzar la raíz de la situación que critica Ken Robinson.
Y esta afirmación no hace sino verse corroborada con la importancia concedida actualmente a la educación formal, la cual no se debe tanto a la apreciación del conocimiento por sí mismo, sino más bien a que nuestra sociedad está orientada al libre mercado, a la productividad exagerada, a la eficiencia más voraz y a la competitividad empresarial sin escrúpulos. Por tanto, lo que no es considerado útil no tiene valor,
En consecuencia, lo que el sistema democrático-capitalista demanda como útil, no son personas creativas, ni librepensadores que se dediquen a buscar su don más innato, sino sujetos estándares que sean fácilmente implementados en el sistema, con unos modelos de conducta y unos conocimientos de serie que les hagan “útiles”. Solo algunos elegidos (u ovejas perdidas y descarriadas del redil educativo), son los que consiguen manifestar su creatividad y expresarse a través de ella.
Para conseguir este fin, de forma velada y sesgada nos asocian determinadas prácticas o materias, como vocaciones con las que nunca encontraremos trabajo o no tendremos medios para subsistir económicamente. Entendemos que mirar por los recursos materiales del futuro tiene su importancia, qué duda cabe, pero la dimensión integral del ser humano, cuanto más en su etapa educativa no debería reducirse a ese factor. Y es de hecho ese reduccionismo el que se lleva a cabo cuando se silencian los aspectos creativos no productivos (en el sentido económico) de las personas.
De este modo y manera, no nos encontramos en puridad ante un mal llamado Sistema Educativo que potencie y valore la creatividad y el desarrollo integral del sujeto, sino ante un mejor llamado Sistema Instructivo, que alecciona e impone conocimientos y prioridades. Consecuencia directa de esto, es la progresiva pérdida de valor de los títulos universitarios (inflación académica en términos del Sr. Robinson), motivada por la masificación estudiantil, incrementado la oferta de personas formadas respecto de la oferta de empleo. Por consiguiente, cada vez se hace más imprescindible obtener más elementos diferenciadores de tus iguales, más contenido en el curriculum, más formación post-universitaria.
Por tanto, alcanzo a creer que el sistema educativo actual no es exclusivo culpable de la mutilación de la gran riqueza creativa del ser humano, silenciada en ocasiones desde la niñez; el sistema no es más que un esclavo de la realidad, un instrumento dependiente y al servicio de las demandas vigentes. Es nuestro sistema productivo, nuestro modelo económico, nuestros ideales de éxito (conscientes o no), nuestra superficial forma de medir y valorar a las personas, las expectativas impuestas y que en ocasiones imponemos a los demás, las que han creado un sistema que cercena la creatividad a niños y jóvenes.
Quizá empezando por cambiar estas cuestiones, llevaría de la mano un cambio en el Sistema Educativo y sus deficiencias.

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