miércoles, 19 de diciembre de 2012

TATARKIEWICZ, Wladislaw

Historia de seis ideas: arte, belleza, forma, creatividad, mímesis, experiencia estética.

  Síntesis al Capítulo primero. El Arte: Historia de un concepto. Pp. 62-71

El carácter variado de lo que denominamos arte no anula el intento de clarificar una definición. Algunas opiniones al respecto se han encaminado hacia la “renuncia a una definición”. Esta “renuncia” surgió como una observación general de que existen algunos términos cuyo grado de denotación dependerán del contexto en el que se utilicen oponiéndose a una definición con cierto grado de exactitud.

M.Weitz entre otros, expuso en (The Role of Theory in Aesthetics, 1957) que el arte es un concepto abierto y que no existen conceptos cerrados aparte de la lógica y las matemáticas. Su exposición se basa en la originalidad artística. Afirma que no puede establecerse una definición anticipada, suficiente y necesaria, ya que se entraría en una contradicción con lo que la propia experiencia artística ofrece. “el supuesto básico de que el arte pueda ser tema de cualquier definición realista o verdadera es falso”.

W. E. Kennick defiende que “no existe una única propiedad que sea común a todas las obras de arte”, no existen ningún tipo “reglas, cánones, leyes, criterios, estándares que sean tan amplios que puedan aplicarse a todas las obras de arte”. El error se encuentra en el intento de la estética por definir el arte, que compara y ejemplifica con la palabra “cuchillo” que sí puede ser definida porque cumple una función determinada.

“El concepto de arte surge de motivos y necesidades diferentes según las épocas, países y culturas, por lo que desempeña, funciones y formas diferentes” explica Stuart Hampshire en Logic and Appreciation, 1967. Esto es realmente cierto, pero porque no abordar la cuestión desde el punto de vista de que el arte sirve a las mismas necesidades e intereses de todo el mundo cambiando las manifestaciones y las épocas.

El arte es una convergencia de conceptos. Tiene funciones diferentes; representa cosas existentes y no existentes, expresa la vida interior del artista o trata de cosas que son externas a él, aporta una satisfacción, una emoción, repulsión, un choque al receptor. Por lo tanto, hay que tratar la definición de arte atendiendo a todas las funciones, sin ignorar ninguna y mucho menos aislándolas. Por esta razón no pueden tomarse como válidas las definiciones parciales de arte como imitación”, “arte como construcción” o “arte como expresión”. Por el contrario, si se puede hablar de que “el arte es la construcción de formas”, “arte es la representación de la realidad”, “el arte es expresión” como dijeron Bell y Croce respectivamente. El problema se encuentra en que estas definiciones no se preocupan del significado precursor e inherente que tiene que tener la palabra, solamente se ocupan del significado que debe tener.

Para encontrar una definición acorde, hay que partir del hecho evidente y cierto, que el arte es una actividad humana consciente y diferenciar las cualidades que sólo el arte posee y por ello separarlas de cualquier otra actividad humana.

El interés que ha mostrado la tradición por acertar con una definición sobre arte, ha estado  encaminada hacia la búsqueda de la “differentia specifica”. Según esta teoría, las propiedades comunes hay que buscarlas no en el propio objeto artístico, sino en las intenciones ocultas o profundas de éste: el efecto que produce en el observador, la intención con la que se crea una obra de arte, en la relación o no con la realidad, por su valor (valores artísticos que según M.Beardsley, Aesthetic Experience Regaines, 1969, trascienden todo tipo de explicación).

El resultado de estas propiedades da lugar a una “disyunción”, es decir, a una definición incompleta del término arte. Por ejemplo si definimos el arte por su intención”, se dirá que el arte tiene la intención de representar la realidad, de expresar un sentimiento, una experiencia. Sin embargo no todo lo que tiene dicho propósito es una obra de arte. Debido a esta parcialidad, la correcta definición tendría que portar tanto la “intención” como el “efecto” y especificar la tipología de ambas.
 
La definición de arte sería: “el arte es una actividad humana consciente capaz de reproducir cosas, construir formas, o expresar una experiencia, si el producto de esta reproducción, construcción, o expresión puede deleitar, emocionar o producir un choque”.

La definición de obra de arte: “una obra de arte es la reproducción de cosas, la construcción de formas, o la expresión de un tipo de experiencias que deleiten, emocionen o produzcan un choque”.
             
Si anteriormente hemos expuesto cuatro propiedades, ¿por qué sólo utilizamos para crear una definición dos de ellas? La respuesta se encuentra en que una definición debe ser lo más sencilla y breve posible, y en la analogía que existe entre el efecto que produce, su valor,  intención y productos (relación con la realidad). También podría elaborarse una definición paralela basándonos en los productos y su valor.

La definición propuesta, abarca y se adapta a todo tipo de arte y a las más amplias funciones. Ésta no contiene elementos valorativos (bello, deleite, emoción etc.). La conjunción de las propiedades “intención y efecto” no requieren más explicación, debido a que en el lenguaje que usamos existen conceptos parecidos. Por ejemplo: “la ropa, que puede significar o bien artículos para proteger el cuerpo o artículos para decorarlo”. Por otro lado, esta definición está exenta de los teóricos que defienden que el arte no puede ser definido y está en unión con las expectativas de los historiadores los cuales son conscientes del carácter variado del arte, como pueden ser Reigl, Woelfflin, Worringer o Deonna, que resaltan que según la época y la cultura el arte tiende a desarrollar funciones y formas diferentes. De esta forma obtenemos una definición amplia y abierta.

El uso moderno del significado “arte” es limitado a las artes visuales o a las creaciones artísticas de mayor nivel. Esta restricción es reciente, en el siglo XIX se señalaron como artes visuales a la pintura, escultura y arquitectura, hasta ese momento se había ido aplicando esta delimitación progresivamente; Batteux redujo el número a siete, en el siglo XVIII se separaron la poesía y la oratoria, y en el siglo XIX la música y la danza.

La amplia definición de la palabra “arte” propuesta aplicándola a todo el campo que abarca el arte no tendría validez. En muchos escritos tanto antiguos como modernos se han excluido como “verdadero arte” a todo objeto que no tenga un tema, intención, una ambición importante, sólo aquello que pueda aportar un “alimento espiritual”; Dionisio de Halicarnaso insistía en que el arte despertaba un ardor en el alma, Plotino que recordaba la existencia verdadera, Miguel Ángel que inicia un vuelo hacia el cielo y para Hegel el conocimiento de las leyes del espíritu. Para ellos sólo es “arte” lo que puede suministrar alimento espiritual, por lo que atendiendo a esta afirmación, no serían consideradas arte: las artes aplicadas, el arte decorativo y comercial, el arte como entretenimiento, los medios de comunicación, casi toda nuestra cultura material. El consenso que parece que nos une, se reafirma cuando la gran mayoría pensamos que una taza o un hermoso sillón es menos arte que una obra de Shakespeare o de Rembrandt. Lo que indica Koestler en Act of Creation, cobra importancia cuando expone que el arte tiene un atractivo trascendental y un efecto catártico, poniéndose al arte que es un mero pasatiempo agradable. Pero no puede ser que todo lo que tiene un atractivo trascendental puede a veces convertirse en un mero pasatiempo.

Aunque la definición se haya cerrado, la teoría sobre arte nos plantea las siguientes cuestiones que han sido resueltas a lo largo de la historia en tres propuestas ¿por qué y con qué fin imitamos y construimos formas, expresamos experiencias, cuales son los orígenes y el propósito de estas actividades?

La primera propuesta atiende que estos hechos son producto de la necesidad natural del hombre, de expresarse simplemente porque queremos expresar nuestras propias experiencias.

La segunda está relaciona con el placer que nos produce y produce expresarnos.

La tercera, es una respuesta escéptica, en relación a la explicación de Quintiliano, “los cultos están familiarizados con la teoría del arte, los profanos con el placer que el arte proporciona”.

A lo largo de la historia estas tres teoría sobre arte han sido aceptadas, aunque han aparecido otras: el arte es el favor de Dios; es un balance de la conciencia; es una crítica social; es la planificación de un nuevo mundo. Pero no se ha desarrollado ninguna teoría que haya sido de aceptación universal, pero si se han desarrollado varios propósitos de teorías. Entre ellas, citaremos cuatro.

En la primera se expone que el arte sirve para plasmar, describir, determinar nuestras experiencias. Stanislaw Witkiewicz, en una misiva a su hijo le aconseja: “Cuando pintes intenta sólo presentar de forma íntegra la imagen que tengas en mente. Pintar significa mostrarnos a nosotros mismos y a los demás la imagen que se esté formando en nosotros”.
 
La segunda se decanta por un pensamiento trascendental, donde el arte se presenta como aquello que es eterno en el mundo. Stanislaw Przybyszewski escribió: “el arte es la presentación de lo eterno, lo que trasciende a cualquier tipo de de cambios y accidentes, y es incipiente del tiempo y el espacio por consiguiente, la presentación de lo esencial, del alma, de la vida del alma en todas sus manifestaciones”.

La tercera trata la teoría del arte, como aquello que no es posible aprehender de otro modo, es decir que se excede de la experiencia humana. Concibe al arte el protagonismo de aportar cosas que sentimos y con él solamente podemos aprehender. August Zamoyski expuso que “El arte es la descripción de aquellas cosas que no caen bajo nuestros sentidos”.

La cuarta teoría es la de que el arte posee la capacidad de extraer del hombre la libertad que no posee. El propósito no es crear cosas que decoren, que despierten admiración puesto que esto es algo que pertenece a la artesanía. En palabras de Adolf Loos “El arte es la libertad del genio” “llevar a la gente más y más lejos, más y más alto”.

Toda la información referente al concepto y a la teoría del arte expuesta anteriormente es adaptable  al pasado reciente, no adecuada para describir la situación actual. Para poder explicar los cambios que han afectado al concepto y definición de arte hay que contextualizar los cambios más importantes que se dieron en la creación artística.

Las Vanguardias surgieron como oposición al arte del Siglo XIX, donde el agrado por gustar a la mayoría, el conformismo y el convencionalismo en las formas eran el referente seguido. La transformación se realizó en tres etapas; la anatematizada (coetánea al arte convencional), la militante (las coacciones sobre arte habían llegado a su fin) y la victoriosa (después de la primera guerra mundial y principalmente después de la segunda guerra mundial - conocida como modernismo). Por lo tanto el periodo después de las guerras mundiales es la llamada postmodernidad.

Las vanguardias consiguieron su éxito gracias a la diferencia que aportaba al ser completamente nueva. En la Vanguardia victoriosa, los cambios formales, conceptos originales, ideas renovadas se sucedían indudablemente con una rapidez que no se había vivido hasta el momento. Dubuffet expuso: “La esencia del arte es la novedad. Asimismo, las opiniones sobre el arte deberían ser nuevas. El único sistema que beneficia al arte es la revolución permanente”.

“Actualmente, no existe ya ningún tipo de vanguardia, porque todo lo que hay es vanguardia”.
La “llamada” vanguardia “victoriosa” se rige por las contradictorias intenciones de los artistas; expresar sus propias experiencias, sus sentimientos, sus emociones y paralelamente crear para los medios. A veces comunica construyendo y otras expresando. Atiende a reglas y en contraposición se deja llevar por el por el carácter y la vitalidad.

El arte de nuestra época se ha intentado definir varias veces, H. Sedlmayr, expone: “El arte de nuestra época siente predilección por las funciones más inferiores de la vida, por las formas más primitivas, las formas inorgánicas, las formas absurdas, por la secularización, por la autonomía del hombre, por encima del cual no existen fuerzas superiores”.

La explicación formal no es el motivo de esta exposición, sin embargo, nos acerca al entendimiento de porque se ha experimentado un cambio, también drástico en la teoría y concepto sobre arte. Hasta hace poco se aceptaban como válidas un elevado número de características que posee el arte. Por el contrario en la actualidad algunos artistas y teóricos se oponen a que el arte forma parte de la cultura, a que sea un producto de la destreza del creador, que se eleve a la categoría de élite, encorsetando en un recinto “adecuado” destinado a albergarlo y que el concepto de que “arte” sólo se le otorgue tanto al producto como a la producción.

Las teorías contradictorias se pueden englobar en cuatro vertientes que son:
          
Teoría que critica a la cultura porque resulta dañina para la sociedad y especialmente para los artistas. Jean Dubuffet afirma que es “adversario profesional y enemigo de la cultura”.

La teoría que defiende el eslogan “El arte a muerto”, que se basa en la defensa de que el elemento artístico no tiene por qué tener el atributo de la destreza añadido sino que puede ser practicado por cualquiera persona, con o sin maestría. Lautréamont: “El arte está en la calle”. Hans Arp: “todo es arte”. M.Porebski: “Una obra de arte es cualquier cosa capaz de llamar la atención”.

La tercera teoría se opone al aislamiento del arte, conseguido por medio de pedestales a las esculturas, marcos a los cuadros, cortinas en los teatros, etc. Esta teoría apuesta por la fusión del arte con la realidad, la naturalización del arte.
La cuarta aboga por la producción y no por el producto en sí mismo. J. Dibbets: “No me interesa construir objetos”. En idéntico sentido, A. Moles: “Ya no existen obras de arte, existen sólo intenciones artísticas”

El arte de nuestra época se inclina principalmente por la oposición tradicional, está en contra de los museos como elementos de difusión artística, se fundamenta en las experiencias individuales, contradice la diversificación y separación de las ramas artísticas, en contra del propio artista (cualquier persona puede hacer arte), en contra de las mismas obras de arte.

Es probable que el arte deje de construirse en un soporte físico, que deje de encapsularse en un marco, que atienda a formas abstractas, que sea una copia de la realidad,  que pierda la finalidad institucional. A pesar de ello, se puede suponer que el arte seguirá existiendo en el interior de las personas. La historia nos ha enseñado que todo es cambiante y cíclico, por lo que se puede prever que la necesidad cambiante que hoy vivimos pueda desaparecer.

Paul Valery, antes de la primera Guerra Mundial se preguntaba si la necesidad de una experimentación radical no estaba agotada ya, a día de hoy aún sigue existiendo. Porque el arte no ha muerto.

“Un río que se encuentra con terrenos accidentados y con cantos rodados, forma remolinos, después cambia su cauce. Pero alguna vez el río volverá a tomar su curso anterior y fluirá recto y de un modo regular”
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FUENTES DOCUMENTALES

TATARKIEWICZ, Wladislaw: Historia de seis ideas: arte, belleza, forma, creatividad, mímesis, experiencia estética. Madrid Tecnos, 6ª edición, 1997. Pp.62-71

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