martes, 27 de noviembre de 2012

Síntesis del texto de María de Corral - EL ARTE EN ESTE FIN DE SIGLO

El término post-moderno en relación a la disciplina artística, surge a partir de los años 80 como una rebelión de los artistas ante la insatisfacción de una visión que plasma objetivamente el mundo. Hasta esta década, los valores artísticos tradicionales se habían revivido con la salvedad que le confiere ser un producto original del tiempo que se desarrolla. Definidos, superados y consolidados estos valores es cuando se señala que la modernidad es un asunto pasado.
“Nos enfrentamos a un arte que nos habla acerca de sus relaciones personales y de sus mundos personales” [1]
En este momento, es cuando los artistas empiezan a enfrentarse al mundo que les rodea con imágenes que hablan de sus relaciones y mundos personales. Un mundo de creación, donde la apariencia formal de la obra, deja de importar para centrarse en la búsqueda y la formación de ideas. Las tipologías de obras de arte, pasan de ser un medio aplaudido por sus valores técnicos y materiales, a convertirse en objetos, con la única finalidad matérica, de actuar de mensajera en cuestiones socio-culturales; temas excluidos hasta el momento.
El interés de plantear hasta qué punto las estructuras y cánones sociales e institucionales satisfacen las necesidades del individuo, en un mundo estándar que se mueve alrededor de un plan tecnológico, político y social. Una sociedad de consumo, automatizada por la sucesión incesante de modas y estilos, que es penetrada hasta la saciedad por los medios de comunicación; un sujeto individual que pierde el sentido de su propia historia.  
“Los artistas en todo momento reflejan estas situaciones, estas transformaciones del entorno social y cultural, y nos ayudan a definir los nuevos modelos de personalidad surgidos de la absorción de los cambios tecnológicos, políticos y sociales”[2].
Es por ello, que el medio artístico utiliza sus esferas para mostrar los cambios y transformaciones del entorno que le rodea, reaccionando y haciendo reaccionar al individuo ante esos cánones establecidos, por no decir asimilados.

Los primeros años de la década de los 80 se caracterizó por la materialización tanto de un código pictórico dramático, como el de un exacerbado empleo del color como medio para recrear y reconocer la silenciada crisis existente. A mediados y finales de esta década se opta por la distorsión de las estructuras configuradas en ideas existentes, los temas se plasman desde un punto de vista sesgado utilizando objetos que se salen de su contexto original o relacionándolos con otros elementos no vinculados.
Los años 80 y 90 presumieron el cambio en la posición de las mujeres en el arte. Cindy Sherman, Rosemary Trockel, Bárbara Kruger, Sherry Levine, entre otras, recurrieron a los trabajos de la mente; el conceptualismo,  como método para alejarse de la simple exposición de la anatomía del cuerpo femenino que se había convertido en sujeto en los 60. Este cambio  se notó en la persecución y creación de un lenguaje capaz de cambiar las cosas, recreando sus propias percepciones, sus propias historias, sus propias experiencias. Se manifiestan para afirmar que no es, ni escaso ni sombrío, el placer femenino. La mujer juega con la ironía y la paradoja para representar tanto sus conjeturas y prejuicios como lo que está manifiestamente ausente o privado.
“Las mujeres avanzan deprisa, son libres, curiosas, impúdicas, no tienen las certezas masculinas. Se permiten todo con ansiedad y curiosidad, a veces con una ironía vacilante, una fantasía muy imaginativa, sin necesidad de imponer una autoridad”
En cuanto a técnicas, la fotografía adquiere un papel destacado. Se le abstrae el poder de teatralidad con imágenes que no muestran la realidad objetiva; mezcla de escenarios ficticios y reales, y con la manipulación de imágenes de masas como crítica a un prototipo que la sociedad intenta imitar. Por su lado, la pintura recupera la figuración pero no como un retorno a la expresión por símbolos reconocibles, sino tomándolos como complemento para la expresión.
La llamada posmodernidad se desarrolla en todo occidente al mismo tiempo, gracias a la globalización como denominador común. En Norteamérica el interés se centra en la sociedad consumista, con artistas que utilizan la plasmación de mensaje con estereotipos y eslóganes que cuestionan la manipulación de los medios publicitarios. Artistas como “Louise Lawler, Barbara Kruger, Cindy Sherman, Richard Prince” [3]exponen que el arte es aún capaz de hacer reaccionar al sujeto con esos estímulos visuales.
En Europa, concretamente en Alemania, es notoria la inclinación por la representación del vacío en los espacios. Perfiles desprovistos de un carácter humanizado, lugares fríos, mórbidos y congelados. Sus obras manifiestan y reprochan la división inexistente para ellos, de materia, mente y espíritu.



[1]CORRAL DE, María: “El arte en este fin de siglo”. En TONO MARTÍNEZ, José (comp.): Observatorio siglo XXI. Reflexiones sobre Arte, Cultura y Tecnología. Barcelona: Editorial Paidós Ibérica S.A, 2002. 167 p.
[2] Ibídem: 173 p.
[3] Ibídem: 170 p.

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